Las empresas de todos los tamaños se internacionalizan cada vez más y necesitan comunicarse con los futuros clientes en su idioma. Y, por supuesto, la traducción tiene que ser ejemplar: nada en el texto traducido debe indicar que se escribió en otra lengua. Los lectores tienen que sentir que les está hablando una empresa de su país.
Por esto, a la hora de decidir a quién encargar la traducción de la documentación corporativa es importante tener en cuenta algunos factores.

1. Confiar en un profesional
¿Dejaría la redacción de un texto importante a cualquier persona de su empresa? Probablemente no, porque cada uno tiene su estilo, un nivel de lengua distinto y unos conocimientos específicos. Si tiene que dirigir una campaña de publicidad orientada a unos jóvenes, es probable que no la redacte una persona cerca de la edad de jubilación. Si quiere explicar unos conceptos económicos complejos, buscará la persona de su equipo que mejor domine el tema.
La traducción no es un acto automático. Los idiomas no se traducen palabra por palabra, de forma independiente. Muchas expresiones no tienen una correspondencia directa en la otra lengua y muchas otras tienen varios sentidos, según el contexto. Un buen traductor es, ante todo, alguien capaz de entender perfectamente el sentido de lo que tiene que trasladar para poder expresarlo de nuevo en el idioma meta. Para eso no valen los traductores automáticos, que producen un galimatías que a veces permite entender el sentido general del texto, pero con un desorden tremendo y unos contrasentidos importantes en la traducción de numerosas palabras. En general, tampoco vale una persona solo por conocer las dos lenguas (como un estudiante Erasmus o un residente extranjero), salvo que sea perfectamente bilingüe, domine el tema del texto a traducir y redacte con un estilo apropiado (lo cual es bastante complicado de encontrar).
Confiar el trabajo a alguien que no sea profesional es tomar un riesgo muy grande. Puede que tener el menú de un chiringuito de playa en un inglés, francés y alemán desastrosos le dé un toque divertido a la experiencia, pero en general el daño para la imagen de una empresa que tenga traducciones erróneas, oscuras o aproximadas es tremendo. El usuario pensará: “¿Cómo voy a confiar en esta empresa si no sabe expresarse correctamente?”.

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2. Buscar a un traductor que trabaje hacia su idioma materno
Pocas personas son capaces de dominar los matices de varios idiomas. Incluso una persona bilingüe suele tener más facilidades en un idioma que en otro. Por eso, recomendamos que confíe sus traducciones a personas que trabajen hacia su idioma materno. Además, siempre será mejor si la persona vive o ha vivido en el país donde se quiere emitir el documento. Es obvio que el castellano que se habla en España no es el mismo que el que se habla en Argentina o México. Lo mismo ocurre con el inglés de Reino Unido y de Estados Unidos.

3. Desconfiar de los “chollos”
Un buen comprador siempre desconfía cuando se encuentra con precios muy por debajo del mercado. Cuando ocurre, busca más información y la garantía de que el producto o servicio que va a comprar tendrá la misma calidad que otro de un precio más alto. Con el servicio de traducción pasa lo mismo. Como indicamos anteriormente, hay muchas personas que potencialmente se pueden ofrecer, algunas a precios muy bajos, como algún estudiante que busque un complemento de ingresos.

4. Dar un plazo razonable
Si ha tardado un mes en redactar su campaña de marketing o sus informes financieros, no es razonable exigirle al traductor una entrega en dos días. Traducir es un ejercicio de redacción que toma tiempo, ya que hace falta en muchos casos cambiar el giro de una frase para adaptarla a la otra lengua. Pedir un plazo muy corto podría tener un impacto significativo en la calidad del servicio.

5. Entregar un texto de calidad y acabado
La calidad de la traducción dependerá en gran medida de la calidad del texto original. Es de sentido común: si proporciona un texto bien redactado y fácil de entender, el resultado de la traducción también lo será.
Además, evite entregar al traductor una versión que no sea la definitiva. A parte de los errores que suelen ocurrir al trabajar con varias versiones de un mismo texto, las modificaciones pueden suponerle una pérdida de tiempo muy significativa a la persona que está traduciendo. Si no tiene más remedio que hacer modificaciones, tenga la precaución de apuntar todos los cambios e indicarlos precisamente al traductor: ganará tiempo y reducirá el riesgo de errores.

6. Establecer un diálogo continuo
Si traducir un texto no es automático, entonces es probable que durante la traducción le puedan surgir dudas al traductor. Hasta el mejor puede dudar del significado de una frase y su profesionalidad exige que le pida aclaraciones.
Establecer un diálogo con el traductor le permitirá resolver las dudas de ambas partes y conseguir el resultado buscado.

Inspirado en: http://blog.cofike.com/2010/12/14/elegir-traductor-profesional/